Pedal Libre

Barichara: el encanto del “pueblo más lindo de Colombia”

¡¿Cuánto tiempo?! ¡por Dios!

Ha pasado una buena temporada en la que tenía congelado este blog, muchos proyectos y circunstancias tenían mi energía lejos de la aventura en bicicleta, pero como buen viajero ya extrañaba alejarme de la ciudad, la conexión con lo natural y la libertad de volver a la ruta.

Mi alma lo estaba sintiendo.

Acaté el llamado a la aventura que venía desde lo más adentro de mi ser y salí en solitario a recorrer una región de la que conocía muy poco de mi hermosa Colombia: el departamento de Santander, un viaje que relataré a detalle en este Blog. Este giro avivó la llama del cicloviaje y me recargó de energía creativa para girar de nuevo en torno a Pedal Libre y darle vida de nuevo, por eso me reencuentro con las letras en este espacio de viajes, aventura y vida.

Antes de profundizar en la aventura por Santander quiero enfocarme primero en un solo lugar, un pueblo que quería conocer desde hace tiempo y que su denominación del “pueblo más lindo de Colombia” me generaba una muy alta expectativa: Barichara.

Lo que trae el camino

Desde Bucaramanga, la ruta venía preparando mis sentidos con sus paisajes del imponente cañón del Chicamocha, dibujando curvas que sumaban metros de altitud mientras cambiaba el ecosistema y descubría pintorescos pueblitos coloniales que ofrecían una buena sombra bajo los árboles de sus verdes plazas principales.

Me acercaba a San Gil por la carretera y de repente vi por el retrovisor a un motociclista que bajó la velocidad y se fue a rueda escoltándome por unos kilómetros hasta el pueblo. Detallé su moto cuando paró a presentarse y de inmediato me di cuenta de que era un viajero, o al menos vibraba en esa onda, pues en su moto tenía stickers de varios colegas rodamundos que conocía.

Cuando le comenté de mi destino inmediato su le dibujó una sonrisa y me dijo :

"Barichara te va a encantar, tómate tu tiempo para disfrutar con calma del encanto del pueblito más lindo de Colombia"

-Cañón del chicamocha-

La forma en cómo me lo dijo alimentó aún más esa inevitable expectativa que traía, un sentimiento que me llamaba la atención pues, si hay algo que me han enseñado tantos kilómetros sobre la bicicleta, es a no tener ideales sobre los lugares o experiencias, a soltar toda expectativa y que la única emoción que quepa es la sorpresa y admiración, más que llevarse una decepción porque las cosas no son como se esperaba.

La corta conversación terminó con algunas recomendaciones y una invitación a pasar por su hostal si volvía por San Gil, me llevó hasta un restaurante donde podía comer algo con el fin de llenar combustible para enfrentar la subida a Barichara, y con un espaldarazo me auguró buenas rutas y un feliz viaje. Siempre me da mucha ilusión de encontrar viajeros en el camino que se abran a compartir con otros nómadas, y si son locales aún mejor, pues ellos generalmente conocen bien las joyas de su territorio.

Empecé a subir hacia mi destino a la hora menos amigable para pedalear, justo cuando el sol golpea más duro y dificulta cada pedalazo, pero poco me importó pues tenía mucha energía y ganas de llegar a mi destino.

Comencé a ganar metros y a entrar en ese estado de flujo que tanto me conecta con la bicicleta, pero esta vez, kilómetro a kilómetro, me entraba un sentimiento de sosiego y paz que me hizo olvidar de la subida, me sentía flotando, hasta el punto de perder la noción de hacia dónde iba (afortunadamente no tenía manera de perderme) y de no querer parar y así mantener esa sensación. Esto ya me había pasado varias veces antes y lo sabía identificar bien, y tiene todo que ver con la energía del lugar y cómo esté abierto a recibirla.

BIENVENIDO AL "LUGAR DEL DESCANSO"

Cuando menos lo pensé tenía a mi izquierda una estatua de una gran hormiga culona y a partir de ese punto dejé atrás el asfalto para pedalear sobre las calles empedradas de este pueblito que parece congelado en el tiempo. Inmediatamente me hice consciente de donde estaba, aterricé el sentimiento que venía creciendo en mi interior y se dibujó una sonrisa mientras vibraba sobre la bici por cada metro que avanzaba en ese terreno irregular.

Una de las cosas que venían en ese paquete de expectativas que traía era que, al ser un pueblo tan renombrado, iba a estar lleno de turistas y extranjeros paseándose por sus calles, cosa que no está mal, pero a mi opinión personal, le quita encanto a esos lugares mágicos. Me llevé una grata sorpresa al llegar al parque principal, una plaza grande llena de árboles frondosos alrededor de una fuente colonial, y ver que en las bancas que estaban a la sombra solo había personas mayores contemplando la hermosa tarde y tomándose su buen tinto, muy diferente al turismo masivo que me imaginaba.

Como dicen por ahí, “al pueblo que fueres has lo que vieres”, así que me bajé de la bicicleta, me senté en una banca a la sombra y me dediqué solo a respirar y a contemplar el paisaje. No tenía mucho tiempo de haber llegado ni había recorrido mayor cosa, y ya estaba completamente encantado con la energía del lugar. Con más de 8000 habitantes, a 1300 msnm, Barichara tiene un nombre muy acertado, ya que significa «lugar de descanso». ¡No por nada la tranquilidad que inspira el lugar!

Después de sentirme en sintonía consciente del lugar y mientras me ponía en contacto con Loreta (una amiga de amigos que vivía en el pueblo desde hacía varios años y muy amablemente me recibió en su casa para pasar la noche), volví a mi bici para recorrer lentamente las callecitas de Barichara. Después de algunas vueltas por la plaza y por callejones que separaban casitas blancas con marcos de colores decoradas por cactus imposibles, curazaos florecidos y materas llenas de plantas alrededor de las ventanas, coincidí con Loreta, quien me abrió las puertas de su casa-taller: una hermosa casona colonial donde fabrica prendas de vestir con tintes naturales y sostenibles.

Allí me ubicó y me ofreció una ducha, me hizo sentir como en casa y me sugirió ir a caminar para perderme en las callecitas del pueblo, confirmando que lo más atractivo del lugar, además de sus miradores hacia el cañón, era dejarse fundir en el encanto que hay en cada esquina. Dicho y hecho, me organicé y sin pensarlo dos veces, salí a caminar sin ningún rumbo. 

Cada paso que daba me enamoraba más del pueblo. Es que no hay “nada particularmente especial”, pero el pueblo en su totalidad es una joya, lo tiene todo para ser feliz.

Y ¿QUÉ HAY PA' HACER?

Piérdase por ahí

Definitivamente y según mi experiencia, es un hecho que el mejor plan en el pueblo es ponerse el calzado cómodo, protección solar y pasearse sin rumbo por este entorno mágico que fue declarado patrimonio cultural colombiano desde 1978. Solo se trata de andar con los ojos y el sentir abiertos, apreciar la arquitectura de las iglesias (sobre todo de la Catedral de la Inmaculada, ubicada en la plaza principal), pasear por la calle 5 o la calle Real que son las más decoradas y vistosas del pueblo, tomarse un café en la plaza principal entre todos los coloridos tuk-tuks turísitcos, y sobre todo, conversar con la gente local (de las cosas que más disfruto cuando me doy la oportunidad de viajar solo).

Pruebe productos locales

En el camino me encontré una feria local, donde me hicieron probar productos típicos producidos en el pueblo: Deliciosos dulces y arequipes de leche de cabra, Sabajón y hormigas culonas.

El Sabajón es una bebida típica de la zona, un licor hecho a base de leche de cabra, huevos, alcohol y azúcar. A mí me encanta su sabor, es un aperitivo tan sabroso y suave que te emborracha sin darte cuenta.

Imágen tomada de Shutterstock

Otro de los productos típicos de la región son las famosas Hormigas Culonas, un conocido manjar que era consumido por los indígenas Guanes de la región. Aproveché para abordar a la amable señora que me ofreció este snack tan típico y hacerle varias preguntas que me generaban curiosidad. La señora me explicó que su esposo era “cazador” de hormigas y que no todas son propicias para ser comidas. Estábamos en el momento propicio de caza, pues idealmente las hormigas salen entre abril y mayo en épocas de lluvia, pues estas buscan salir del hormiguero para secarse al sol. Son hormigas voladoras y de fuerte mordida, que no van a dudar en defenderse para no ser cazadas.

Para consumirse deben cocinarse en sal para que las tuesten con mantequilla o grasa, quedando un producto crujiente y con altos valores nutricionales… Siempre pienso que los bichos serán en un futuro una de las principales fuentes de aportes proteicos en nuestra alimentación.

¿Que si me gustó? Pues la verdad ya era un sabor conocido, no me disgusta, pero tampoco es lo que más me guste. De todas formas, con hambre todo sabe bueno jaja.

Deléitese con las vistas

Uno de los lugares que me recomendaron fue el Bioparque Móncora, un lugar natural lleno de retoños de árboles nativos, todos identificados y bien cuidados, que llevan al filo de un acantilado desde donde se tienen unas vistas espectaculares del cañón del río Suárez. Para llegar allí pasé por el Parque de las Artes, un lugar muy tranquilo y lleno de vegetación decorado con varias fuentes y esculturas en piedra.

Me llamó la atención que este pueblo gira en torno a la piedra. Tantas esculturas, la estructura de las casas, la catedral y las calles son de piedra (se dice que los mejores talladores de piedra de Colombia viven en Barichara). De hecho, el color de esta piedra tan emblemática le da el nombre por el que conocen a los habitantes de Barichara,“Los patiamarillos”.

Hay otro mirador muy conocido que es el Salto del Mico, una roca suspendida en el vacío que se vuelve un reto para todos los que se quieran sacar una foto ahí sentados bajo su propia responsabilidad (Con muchísimo cuidado siempre, pues no hay nada de seguridad)

Camino a Guane

Otro de los atractivos son los caminos de herradura alrededor del pueblo, sobre todo el Camino Real de Guane, que une al pueblito con el nombre de los indígenas de la región con Barichara. Este camino no lo recorrí porque en mi itinerario estaba visitar Guane en la ruta que me seguía, además pasara la bicicleta por esos caminos de herradura no siempre es tarea fácil. Guane es otro pueblito antiguo congelado en el tiempo, con la misma onda de Barichara, pero aún más tranquilo.

Es que no hay “nada particularmente especial”, pero el pueblo en su totalidad es una joya, lo tiene todo para ser feliz.

Me tomé todo el día para fundirme en el encanto de Barichara mientras fluía por sus calles. En la noche compartí con mi anfitriona y su familia, sus dos hijos hermosos, con quienes comimos, compartimos historias y una intensa partida de ajedrez para luego ir a rendirle homenaje al significado de Barichara «Lugar de descanso»

Definitivamente Barichara es un pueblo que, como todas las cosas buenas de la vida, hay que tomárselo a sorbitos, disfrutar de los detalles, de cómo corre el tiempo en tranquilidad. En lo personal, y después de recorrer muchos lugares y pueblos increíbles de Colombia, no sé si sea el pueblo “más lindo de Colombia” (aunque si está en el top), pero sí el más encantador, y definitivamente me encantaría volver a pasar una temporada para disfrutar “de a sorbitos” este pueblito mágico.

6 comentarios en “Barichara: el encanto del “pueblo más lindo de Colombia””

  1. Tincho se me aguó el ojo leyendo esto. Está plasmado todo lo que se siente visitando este lindo lugar.
    La próxima vez que vengas por estas tierras santandereanas espero poder recibirte como te lo mereces y mostrarte cositas de mi BUCARA linda 👊🏽

  2. Excelente visita a Barichara. Felicidades. . Leo que no recorriste su panteón, que junto con el de Tulcán, Ecuador, son de los más lindos de América. Para la otra. Felicidades nuevamente por tus viajes

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