Pedal Libre

Pedaleando al son de la guitarra

“¡Estás loco!”, me dice la gente al constatar que el bulto que llevo en la parte trasera de mi bici es una guitarra. De por sí mi bici aparenta estar muy cargada con todas las alforjas (hay que aclarar que no son las más grandes, pero como la bici es relativamente pequeña, debo admitir que se ve bastante aparatosa), y la extensión de la guitarra hace que parezca mucho más pesada de lo que en verdad es.

Cuando me encontraba planeando mi viaje, llevar la guitarra era una opción que me atraía pero que significaba un reto grande con respecto al transporte. Mi intención era llevarla como una compañera que, al tener que cargarla, me obligaba a practicar y continuar con mi proceso autodidacta (lento pero continuo), además de abrirme las puertas a aprender nuevos ritmos de los lugares donde llegara.

Busqué muchas maneras de llevarla pero ninguna me convenció del todo, y terminé considerando que sería una verdadera carga. Abandoné la guitarra como tantos otros apegos de los que me desprendía al momento de partir sin fecha de regreso.

Varios meses después, en la casa del ciclista de Tumbaco, en Ecuador, la guitarra se volvió a aparecer en mi camino, acompañada de un amigo cicloviajero que me mostró el mundo de la música en la calle y me enseñó a utilizarla como una herramienta para hacer dinero. Nunca había tocado ante un público y aún me sentía muy lejos de ser lo suficientemente bueno para ofrecer conciertos o pasar la gorra, sin embargo me animé a probar suerte. Los resultados se dieron inmediatamente junto con mi decisión de integrar el instrumento a mi equipo.

y ahora ¿Cómo transportarla?

Una guitarra no es pesada, pero si voluminosa y delicada, por lo que debía de adaptar un sistema al soporte que garantizara resistencia, protección y aerodinámica.

La resistencia al viento fue el primer factor que evalué, no la podía llevar en la espalda ni a los costados porque pedalear sería una tortura, además de que queda bastante expuesta a cualquier golpe. La mejor ubicación para llevarla en una bici como la mía es atrás, ubicada de forma vertical para que el cuerpo corte el viento y disminuya al máximo la resistencia, además que también permite la facilidad de acceso

Para darle resistencia utilicé unas varillas de hierro para formaron una estructura pensada para ser abatible, es decir, no soldada directamente al portabultos sino unida con tornillos. Ganaba resistencia pero también agregaba peso y un torque al que la parrilla y la bici no estaban diseñados, pero que por su material podrían aguantar (al menos por muchos kilómetros).

A pesar de ir en una buena ubicación, la guitarra seguía expuesta a caídas y golpes. Debía protegerla más allá de su sencilla funda y no me alcanzaba el presupuesto para un estuche rígido, que además de costosos son bien pesados. Por lo tanto opté por reforzar la estructura, asegurando que el cuerpo de la guitarra quedara bien protegido.

Agregué un poco más de peso pero gané tranquilidad y seguridad. Esa modificación no era indispensable, pero agradecí tenerla después de varias caídas y golpes de la bicicleta, pues la guitarra sigue en excelente estado hasta el sol de hoy.

Para impermeabilizarla utilizaba bolsas y plásticos grandes que amarraba con un elástico, y me servía de una tira de neumático (cámara) para fijarla a la bicicleta.

Ahora, ¿Llevar una guitarra será una locura como dicen?

Puede ser, pero para mi viaje fue la decisión más acertada. La guitarra no solo fue una herramienta de trabajo, sino una compañera y una llave de muchas puertas.

Gracias a la guitarra me ofrecieron platos de comida, licores típicos, y varios lugares donde pasar la noche. Tuve un acercamiento a la música de cada país, conociendo más integralmente cada cultura, aprendiendo ritmos y alguna técnica de interpretación. También la guitarra sirvió de base para empezar a recorrer el camino de la armónica (el instrumento perfecto para viajar en bici), que comencé a explorar durante el viaje.

Conocí muchas personas, forjé amistades y viví amores, pero sobretodo, salí de mi zona de confort y desarrollé una habilidad que nunca había explotado.

Como diría el gran Polo Montañés:

"¡Qué agradecido estoy, guitarra mía!"

Y tú ¿te atreverías a viajar con tu guitarra? ¿Qué otras maneras de transportarla recomendarías?

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